viernes, julio 24, 2015

Si una cantidad no negativa fuera tan pequeña
que resultara menor que cualquier otra dada, ciertamente
no podría ser sino cero.


Leonhard Euler

lunes, julio 20, 2015

Un Jour


martes, julio 14, 2015

Tres formas de hablarles a un gato y un mono




No se ha hecho demasiado en materias de comunicación minimalista. Habría que hacer también una aclaración de formas, preceptos y conceptos, como así también de interpretaciones, aunque, porqué no, de interpelaciones, aclaraciones y procesos. Las situaciones que se han dado a lo largo de la historia de la humanidad humana - y no es un perogrullo ni un concepto erróneo-, la literatura y los cines no se han ocupado mucho de las formas concreta de comunicación entre las distintas especies, en este caso el minimalismo y el humanismo. Ahora bien, lo más complejo de realizar en estos avatares, es sin lugar a dudas la implementación de una forma concreta, dada, real, tangible, de estados no alterados, de despojos, de desprejuicios, y, ante todo, de no espejar. Se recomienda realizar la tarea -en el caso de que uno sea lo suficientemente tímido como para llevarla a cabo en medio de otros integrantes del humanismo-, en soledad y apartado de toda mirada. Se toma un gato, se lo mira fijo durante unos segundos, sin llegar al extremo del combate con el felino, pues puede uno terminar con rasguños en el rostro, en la parte inmediata a la cabeza, símil noche lujuriosa, y, en caso de estar en situación personal de compromiso, queda claramente expuesto a un daño peor. Si uno logra que el felino quede delante de uno unos cuantos segundos sin que el minimalista se mueva o deje el lugar en que uno lo ha puesto y logra manifestarle algo, siéntanse con ese solo intento, afortunado. No es menester ni proclamamos aquí el maltrato hacia el minimalista. Justamente, la idea principal de estas formas es que uno logre comunicarse con la otra especie sin apelar en momento alguno a la agresión tanto física como mental. Ahora bien, de no lograr el objetivo, persista, y quizás vislumbre a lo lejos, en esa lejanía que se da de continuo en los lugares apartados unos de otros, como así los humanista que lo apartan y lo habitan, un ápice de nostalgia. Deje que su imaginación corra (si no acostumbra  a esto, deje que esa cosa denominada imaginario lo sorprenda y logre en Ud. un ser más raro que todos los seres que Ud. ha interpelado y visto y ha soñado y ha… bueno, digamos, admirado) por praderas, por oasis, por columnas levantadas en piedras a lo largo de muchos de cientos de metros que terminan en un punto sobre el final de la misma, conocida con cierta vulgaridad como risco, ora como finalidad de un seño en la estreches de las colinas, ora como un peldaño en la mismísima intencionalidad de una escalera que va desde un cero cualunque hasta un certero infinito. Luego de logrado este objetivo, podríamos decirnos varias cosas, pero lo más interesante de remarcarnos es sin lugar a dudas, esas variaciones que se dan entre occipital derecho, bajando desde un sector que recorre las extremidades superiores de las inferiores, humedecidas en tres estados previos al diluvio. En esos momentos, aférrese fuerte a la silla (no lo hemos mencionado, pero para llevar a cabo este menester es más que importante que uno se encuentre en ese justo momento con los aposentos en un lugar firme y sólido, pues de lo contrario se encontrará también en igual condición, salvo que bajo un efecto secundario), y de ahí en más, puede concluir su primera experiencia comunicacional con el minimalismo felino –exitosa-no exitosa-, pero de seguro, en su memoria como algo irrepetible.

French Roast