martes, junio 24, 2008

La desigualdad como causa de muerte materna

Por Mariana Carbajal

Las mujeres en Jujuy tienen un riesgo quince veces más alto de morir por causas vinculadas a un embarazo y al parto que las que viven en la ciudad de Buenos Aires. Así de amplia es la brecha en salud reproductiva en la Argentina. Esta profunda desigualdad que se refleja en las tasas de mortalidad materna de las distintas provincias del país fue denunciada ayer en Buenos Aires por los principales investigadores en el tema ante encumbrados expertos de 25 países, en una reunión convocada por la Organización Mundial de la Salud para debatir el tema. “La inequidad en el acceso a la anticoncepción es un problema crítico”, advirtió Silvina Ramos, directora del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (Cedes), frente al director del Departamento de Salud Reproductiva e Investigación de la OMS, el belga Paul Van Look (ver entrevista aparte).
En Jujuy mueren 165 mujeres por afecciones vinculadas al embarazo, parto y puerperio cada 100 mil nacidos vivos. Es la tasa de mortalidad materna más alta del país, según el último registro oficial correspondiente a 2006. En la ciudad de Buenos Aires, fallecen por esas mismas causas sólo 18 cada 100 mil: es la tasa más baja. El promedio nacional es de 48 por 100 mil: la medición tuvo “un brusco aumento” del orden del 19 por ciento con respecto a 2005, señaló Ramos, ante un nutrido auditorio, compuesto también por representantes de organismos internacionales como PNUD y el Banco Mundial.

El informe hace referencia a las “fuertes inequidades regionales” en materia de salud reproductiva y a la “elevada participación de las complicaciones de abortos inseguros” en la mortalidad materna: casi un tercio de las muertes maternas se deben a esa causa. “A este ritmo, es casi imposible que la Argentina cumpla con los Objetivos del Milenio de reducir un tercio la mortalidad materna. Ni en el 2015, la fecha fijada, ni en el 2020 ni en el 2030”, alertó la experta. En siete años, la tasa de mortalidad materna nacional debería reducirse a 13 por 100 mil nacidos vivos. De mantenerse la tendencia actual, rondará un 39 por 100 mil, de acuerdo con las estimaciones realizadas por los especialistas.
Ramos fue la encargada de presentar el informe sobre “La salud y los derechos sexuales y reproductivos en la Argentina”, un panorama elaborado en forma conjunta –con estadísticas oficiales– por el Cedes, el Centro de Estudios Perinatales de Rosario (CREP), el Centro de Estudios en Población (Cenep) y el Instituto de Investigaciones Epidemiológicas de la Academia Nacional de Medicina.La radiografía de la situación argentina fue el eje de la primera sesión de la reunión del Programa Especial de Investigaciones, Desarrollo y Formación de Investigadores sobre Reproducción Humana que patrocinan la OMS, el PNUD, Unfpa y Banco Mundial. Se trata del órgano más importante del sistema de Naciones Unidas en la temática. Es la primera vez que sesiona fuera de Ginebra –donde tiene su sede– en sus veinte años de existencia. Entre hoy y mañana, los integrantes de su comité conductor, provenientes de una veintena de países de los cinco continentes, analizarán los avances alcanzados en salud reproductiva durante el último año y debatirán hacia donde deben orientarse los estudios futuros en la materia. La argentina Silvina Ramos es la vicepresidenta de ese comité.
En la sesión inaugural de ayer estaba prevista la presencia de la ministra de Salud, Graciela Ocaña, pero la funcionaria se excusó de concurrir en la noche del domingo y en su lugar mandó al secretario de Determinantes de Salud, Alberto Hernández, quien hasta asumir en la cartera sanitaria se desempeñó al frente del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires (ver aparte).
Las diferencias regionales con relación a la salud reproductiva tienen distintas caras. Algunas de ellas, destacadas por el informe, son las siguientes:

- Por cada cien egresos hospitalarios por parto, en promedio en el país son atendidas por aborto 21 mujeres. En La Rioja, 50 (allí se registra la mayor proporción); en Río Negro, 10 (el número más bajo).- Por cada cien egresos hospitalarios por parto, en promedio en el país son atendidas por aborto 21 mujeres. En La Rioja, 50 (allí se registra la mayor proporción); en Río Negro, 10 (el número más bajo).
- Mientras en Capital Federal y el Gran Buenos Aires los controles prenatales son extendidos (9 de cada 10 embarazadas realizan 6 o más durante el embarazo), en el NEA y el NOA el total de mujeres que cumple con esa recomendación se reduce a unas 6 de cada 10. En el NEA hay un 1 por ciento y en el NOA un 3 por ciento de embarazadas que directamente no se hacen ningún control previo al parto.
- En la Argentina, 5 de cada 10 mujeres no tienen cobertura de salud, según datos de 2001.
Los visitantes extranjeros se mostraron preocupados por las desigualdades. “Hay mucha disparidad en el acceso a la salud materna y a los cuidados. Tenemos un gobierno muy centralizado en Buenos Aires, donde se prestan buenos servicios de atención en la Capital Federal, pero no ocurre lo mismo en el NOA y NEA. Hay que reactivar el diálogo con el Gobierno para descentralizar las finanzas a las provincias y trabajar para enfrentar la inequidad”, consideró Olivier Adam, representante del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), cuando le tocó opinar. También expresó su preocupación por ese panorama la tunecina Hedia Belhadj, máxima especialista en salud reproductiva del Fondo de Población de Naciones Unidas (Unfpa). Y el representante en la reunión del Banco Mundial, Khama Rogo abogó por que las autoridades se nutran más de los resultados de las investigaciones –que marcan rumbos para bajar la mortalidad materna– para aplicar en las políticas públicas. “Tenemos aquí una masa crítica de investigadores bien capacitada. ¿Cómo podemos hacer para que trabajen más en conjunto con los decisores políticos?”, se preguntó Rogo.

Fuente: Página 12

lunes, junio 09, 2008

¿Podría pasar?

Por Eduardo Aliverti

¿Qué pasaría si la Presidenta, por sorpresa, no más allá de una noche de éstas, apareciera por cadena nacional, sola, nada más que ella y la cámara, con un tono firme pero desprovisto de esas inflexiones arrogantes difíciles de soportar, y dijese “Buenas noches, como están. Están hartos, ya lo sé. Todos estamos hartos. Por eso quiero hablarles y hablarnos a nosotros mismos, el Gobierno, que evidentemente cometió muchos errores en este último tiempo pero no tantos, o no tan graves, como para estar afrontando, junto con la inmensa mayoría de ustedes, este clima raro, enojoso, injusto”?

¿Qué pasaría si después explicase muy brevemente que, en marzo pasado, cometieron el error político (que lo diga así: “error político”) de no medir las consecuencias que supondría aumentarle los impuestos al campo (que lo diga así: “impuestos al campo”, aunque no sean exactamente “impuestos” y “campo” sea una convención en extremo concesiva a los intereses del bloque enfrentado; meterse con “retenciones móviles”, “pool de siembra”, “superficies cultivadas” y precisiones de ese tipo distraería la atención de una audiencia masiva que no entiende nada de todo eso y que a esta altura, es probable, ya interprete que esa terminología es empleada para, justamente, desviar la atención popular en aras de vaya a saberse cuáles intereses)?

¿Qué pasaría si explicase que no supieron prevenir lo que ocurriría al no diferenciar medidas para los pequeños y medianos productores, y si aclarase que, de todas formas, el problema fue mucho más la forma de comunicación que la justicia de la medida, visto que... (seguirían algunos pocos números, muy pocos, humildemente relatados, sobre cuánto de “sufriente” es la situación de algunos –que lo diga así: “algunos”— de quienes protestan)?

¿Qué pasaría si acto seguido, mirando fijo a la cámara, que eso sabe hacerlo como pocos, ayudada por un poder oratorio extraordinario y en parte compensa la altivez compadrita de sus tonos, apelara a un “pero lo que no puede cuestionarse de ninguna manera es el derecho del Estado, que somos todos, a cobrarse más de quienes más tienen y más obtienen, porque la tierra es de todos (que lo diga así: que “es de todos”) y el derecho de propiedad no puede estar por encima de distribuir la riqueza que se genera en el suelo que todos habitamos (que insista con el inclusivo, con el “todos”, que provoca imaginario colectivo de posesión aunque nadie se lo tome demasiado en serio) y trascartón remarcase un par de ejemplos sobre cómo algunos países desarrollados toman medidas recaudatorias aún más duras en tiempos de bonanza? “Porque no nos oponemos a que ganen más plata”, podría seguir. “Nos oponemos a que hablen de pérdidas cuando sólo se trata de que el momento extraordinario que vive el campo sea solidariamente compartido con el conjunto del pueblo”, podría rematar. ¿Qué pasaría?

¿Qué pasaría si, ya con cadencia de ir redondeando, apuntase “ustedes se preguntarán qué hacemos con el dinero de los impuestos extraordinarios al campo (que lo diga así: “extraordinarios”; delimita que es una cuestión de coyuntura, en vez de algo que piensan extender para toda la vida). No quiero aburrirlos con cifras, ni tampoco dejar de reconocer que en muchas áreas o aspectos cometemos faltas y administramos incorrectamente. Sólo los invito a que se detengan, por un segundo, en el solo hecho de que seguimos disponiendo de un colchón de reservas en el Banco Central que nos permite quedar a salvo de cualquier circunstancia desfavorable, en una etapa crítica del capitalismo global” (que lo diga así: “capitalismo global”; es medio ampuloso, y una buena parte de la audiencia se sentiría ajena al significante pero comprendida en el significado, que consiste en “hay que cuidarse, tiene razón”, y de paso riñe un poquito con el devenir del capitalismo pero sin dejar de comprometerse con él)? ¿Y qué pasaría si remata con “repito que nos equivocamos en las formas pero no en el fondo y que, también es cierto, quedamos presos de la dinámica que adquirió este lamentable conflicto con el campo. Interpretamos que nos agredieron y agredimos. Interpretaron que los agredimos y agredieron. Tiendo la mano (que lo diga así: “tiendo”, que lo personalice, que recupere autoridad). Acepto errores. Pero comprendan, comprendamos todos, que me votaron para gobernar y no para ceder a una extorsión que ha llegado al límite de tirar leche a la basura en un país donde nos quedan todavía varios millones de pobres e indigentes”? Otra mirada a la cámara, mirada fija, un largo silencio hasta el límite de transformarse en bache, en que la tildó la emotividad, y simplemente un “buenas noches, gracias por escucharme”. ¿Qué pasaría?

Un cuadro retórico como la Presidenta es capaz de desplegar una pieza de esa naturaleza muchísimo mejor que lo sugerido por un simple comentarista. Pero, antes que eso: “la gente” está efectivamente harta por este choque y necesita, redoblado por las características paternalistas de esta sociedad, que quien ejerce la primera magistratura muestre capacidad de liderazgo, de conducción, de asimilación de un problema grave. Tiene que mostrar alguna gestualidad de estadista, como se lo dijo la Iglesia con la inteligencia de ese cinismo ancestral que se activa cada vez que advierte la incertidumbre de eclosiones sociales. El ensayo es que si Cristina hiciese eso marcaría la cancha y posiblemente alcanzaría la victoria coyuntural frente al “campo” que, por cierto, como sector es el único que puede permitirse estar tres meses de (fingido) parate, pero no prolongarlo hasta donde se les ocurra ni a sus representantes institucionales ni a sus chacareros desaforados. Son poderosos. No todopoderosos.

¿Por qué no lo hace? ¿Sólo por razones de personalidad, de resentimiento, de entender que a mejor fotografía monárquica menor contaminación política? ¿Es por eso o porque no puede reconocer que lo del “campo” es sencillamente un conflicto de recaudación fiscal, detrás del que no hay casi más nada en términos de afectar impositivamente a otras fracciones, ni de reactivar el crédito productivo, ni de ampliar el arco hacia políticas estructurales de desarrollo, ni de mejorar un mapa sanitario y educativo que sigue cayéndose a pedazos?

Como dijo el filósofo e investigador Alfredo Pucciarelli en la magnífica entrevista publicada por este diario el lunes pasado, detrás de esta puja no hay propuestas. Es sólo una “histórica disputa por la renta”, pero “sin llegar a explicitar modelos opuestos de país, sin darle contenido político a la pugna”. En otras palabras, lo que pasa debería bastar para saber que “los del campo” son los peores malos de esta película. Pero no para que los menos malos convenzan ni de lejos.

Fuente: Página 12

jueves, junio 05, 2008

Amuchado Olvido

Se puede devolver mucho, o quizás nada.
Tal vez un quizás desenfrenado que busque
ahí, del mismo modo, incertidumbres, de tal
forma o de la misma forma, pero tal vez
desenfrenado quizás en un devolver mucho.

Acaecida escasez, amuchado olvido, silencio fetal.
Se puede quizás devolver nada, tal vez mucho,
mas, de seguro, estarán en la escasez del olvido,
en un amuchado fetal grito, en un devolver acaecido,
en un irrefrenable tal vez, envuelto quizás en una
escasez de olvido.

J.M.L