lunes, octubre 31, 2011

La fuente

Entra la fuente. La fuente ha recorrido la ciudad en busca de un poco de sombra. No ha encontrado lo que necesita y se queja contando lo que ha visto. Vio el sol de las lámparas que es más conmovedor que el otro, ciertamente; cantó uno o dos aires en la terraza de un café y le arrojaron pesadas flores amarillas y blancas; dispuso sus cabellos de manera que le cubrieran el rostro, pero su perfume era muy fuerte. Tiene enormes ganas de dormirse..., ¿es absolutamente preciso que se acueste en la hermosa estrella, entre sus collares de insectos y sus pulseras de cristal? La fuente ríe en voz baja, no ha sentido mi mano posarse en ella; bajo la presión de mi mano, la fuente se curva un poco, mientras piensa en los pájaros que en ella tan sólo buscan la frescura. Que tenga cuidado porque soy capaz de arrastrarla muy lejos de aquí, de arrastrarla hasta allá en donde no hay ciudades ni campos. Este invierno, un hermoso maniquí presentará a los elegantes el modelo Espejismo, ¿y sabéis quién hará triunfar la adorable creación? Pues la fuente, sin duda alguna, la fuente que yo conduzco sin dificultades a estos parajes en los que mis  ideas retroceden más allá de lo posible, más allá incluso de las arenas inorgánicas en que los Tuaregs, de origen no tan oscuro como el mío, se contentan con llevar una vida nómade con sus mujeres excesivamente adornadas. La fuente es lo único que de mi que se proyecta en el torbellino de las hojas que velan en lo alto, sobre mis móviles ideas que la menor corriente de aire desplaza; es el árbol que el hacha ataca sin cesar, sangra al sol y es el espejo de mis palabras.


19
Pez Soluble
Manifiestos del Surrealismo
André Breton

domingo, octubre 30, 2011

Venus


"La estalactitas de la noche, de tan diversos colores, dan más fuerzas todavía al vuelo de las llamas hacia Venus, y el rocío, que ensancha lentamente su cabestro en el cuello de las plantas, es un prisma maravilloso por el fin de los siglos de los siglos"

André Breton

Escultura

"(...) construida de espléndida caoba, se había desnudado hacía ya rato, y su cuerpo quedaba moldeado por la luz del más maravilloso lugar de placer que haya yo jamás visto. Sus miradas eran serpentinas verdes y azules, entre las cuales se retorcía en espiral, constantemente quebrada, una serpentina blanca que parecía un favor especial a mi reservada."


Manifiestos del surrealismo

André Bretón