Nada lacera tanto el corazón como hallarnos solos en lugares que fueron testigos de nuestra pasada felicidad; todo vuelve a representarnos su objeto, todo lo pinta ante nuestros ojos; parece que aún presta vida a lo que antaño embelleciera; los ecos nos repiten el sonido de aquella voz encantadora; volamos a su encuentro para encontrar solamente una imagen destrozada por la desesperación.
La Marquise de Gange
Marqués de Sade
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