viernes, mayo 18, 2007

¡Ha caído!

Cae lentamente sobre ese bagaje,
no da señal alguna, y vos, tiesa.
Busca de forma alguna caer más veloz,
mucho más, pues, ¡qué pesado resulta el
esperar, y más aún, sino se espera!

Sigue cayendo, y vos acompañas el compás.
Perniciosa amabilidad, terrible oleada de quietud sombría,
casi real, tanto, que ser tangible no le alcanza,
pues, por lo visto, ajeno está en esto.

Continúa descendiendo, y vos, imperceptible.
Sienta bien el distraído engaño del no ver,
estando delante del mundo, y, si en él recae,
aunque más no sea con el peso de una pluma,
una fragancia desamorada.

¡Plaf! ¡Ha caído por fin!, y vos, ausente.
Te ha extrañado en tu ausencia;
¡mas cuánto te ha extrañado estando presente!
¡Ha llegado!, y para sorpresa de él, resultó no
ser tan ávido aterrizando en tempestades... y, ha caído...


J.M.L 16-03
01

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