"(...) La noche iba a devorar nuevamente la plazuela provinciana, el vidrio rosado brillaría en vano, ya no brillaría para nadie. La dulzura de esa hora iba a perderse para siempre. Tanta dulzura perdida para toda la tierra. Atravesó el patio y subió la escalera de madera verde. A esa clase de nostalgia había renunciado desde tiempo a trás. Nada era real salvo su propia vida. (...)
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