A lo lejos esa imagen era muy vaga, mas, al aproximarse muy lentamente en su lejanía, dejó de ser una visión inexistente en el desierto, para pasar a ser eso que esperabas con la idea de compartir un minuto, tan sólo eso; después de todo, ¿qué es un minuto dentro de tantas horas, de tanta inmensidad de días y años y tiempos pasados y por qué no, de tiempos venideros? Es como ese terrible cuento escrito con maestría por Cortázar en el que dos personas en el subte esperan que el otro tome la iniciativa de…, aunque ésta está supeditada a la acción de no hacer para poder hacer… Dejar que el azar les dé una mano en esas cabalgatas desangeladas de impurezas, de aromas que nos convidan un suspiro eterno que por siempre perdurará, pero por suerte, uno no recordará eso eternamente: simplemente por el sólo hecho de no perderse el presente. Un pensador dijo por ahí: “Es insoslayable que el hombre sea precursor, mas no su desidia; es también cierto que él es su devenir”; mientras recordabas esto, por vulgaridad de las acciones repetidas, arribaste a aquella imagen, que no era otra cosa que eso que te conduciría a un determinado lugar, ese lugar, que no es otro lugar, sino simplemente la acción inmediata del devenir, ese que por procura propia, termina siendo lo de uno, aunque no es siempre así. Llegaste al estribo de la visión a punto de montarte en ella, cuando en tus oídos, como de otro lugar de esta tierra, fuera del planeta, una voz melosa, sutil, fina, no aguda ni chillona, sino simplemente fina, de carácter sumiso, sin serlo, te asió de las crinas arrojándote al suelo y llenándote de lodo. Asiéndote con la voz, te hizo ver que en esa vorágine diaria te habías olvidado de algo, pero no de algo, de cualquier cosa, sino de algo muy importante… Te habías olvidado de esa terrible situación de subte de Cortázar, de ese caminar, de ese andar, de las melosas miradas, de los pensamientos que siempre juegan un juego aparte dentro de la vida de cada uno… Ese juego macabro del inconsciente que nos trasmite imágenes bifurcadas y nos deja con el agrio sabor de tratar de comprender cuál es la idea de ese juego que en principio uno no tiene ganas ni quiere jugar, pues, ¿quién es capaz de jugar algo a sabiendas de que lo perdió antes de empezarlo? Ya encaminado en ese camino, dejaste fluir la naturalidad que uno asume en momentos límites, y recordando… Esperaste la próxima estación…
Dulcis Lupus 02-12-04
Dulcis Lupus 02-12-04
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