viernes, mayo 11, 2012

Placeres malogrados

Para una finlandesa blanca de canas, ropa e intenciones, como ella, el accidente no investía más trascendencia que una hemorragia nasal. Hizo profilácticamente todo lo necesario. Los pueblos nórdicos no asignan a estos percances otro coeficiente que el fisiológico. Una gobernanta de Canes, en su lugar, hubiera sáficamente frotado su sospecha en la vulva tumefacta. Y, al ver el clítoris erecto, por quien sabe qué mandato de los corpúsculos de la voluptuosidad, hubiera atado cabos con la ceremonia de esa tarde, como una reacción morbosa a su malogro. 

Op Oloop
Juan Filloy

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