Alizée se cubre con una sábana. Recuerdo esa imagen como si en estos momentos estuviera sucediendo, aunque, lo sé, está pasando justamente ahora, en este instante. Toma la sábana, la levanta, cubre sus senos sublimes, deja una de sus piernas fuera, su mirada penetrante, difícil de sostener, y una lágrima que muestra aún en su rostro el desprecio a la carne, a la vida, al amor, y se sienta lentamente sobre el odio, y se va. Se va como tantas otras veces lo ha hecho, ¡tantas veces ha partido hacia el infierno junto a mí, alejada de mí, junto a ella! Alizée mira la puerta. Su intención es clara. ¡Irse! Mi intención es nítida: ¡quedarme! Nosotros, ella, yo, ¡nosotros! ¡Nos separamos, nos hemos separado, nos separaremos, seremos dos a lo lejos, dos amores alejados, dos amores en el mundo buscando dos amores, uno por uno, matando el amor, para enamorarse y enamorar! No puedo dejar que se vaya, no esta vez, esta no. Alizée debe ser parte del fin, tiene que participar a pesar mío de mi bienestar, condena y libertad. No puedo permitirme que coarte, corte mis intenciones, mi finalidad. Debe irse, eso es seguro, pero no ella, ella no debe irse…
Nota: Fragmento final del Capítulo I. Novela aún sin nombre.
Todos los Derechos Reservados. Dulcis Lupus
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