"Se apartó de ella y, en el momento de la separación, sus piernas permanecieron abiertas y lo que vio fue aquella parte suya que era suave y cálida y honrada y natural. Rápidamente, ella bajó las piernas, ocultó de la vista su mejor parte y se subió la sábana hasta el pecho. Lo mejor ya estaba oculto, guardado para la otra semana, y lo que quedaba era una noble cabeza ausente y la sonrisa glacial de una extraña."
Los Siete Minutos
Irving Wallace
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