martes, septiembre 23, 2008

En la oscuridad

Había en aquel lugar una mujer muy extraña. Su cabello rojizo se hacía notar peculiarmente en la oscuridad. Sus ojos grandes, muy grandes, flotaban en la noche de forma permisiva y casi perversa, aunque, de alguna manera no dejaban de ser lindos, agradables. Su aspecto más bien vernáculo; sus formas femeniles de vidriera adosada con la frescura de la noche y complementos que sobresalían, hacían de aquella mujer una persona más que intensa. Sus harapos descolgaban de toda retina que uno pudiera imaginar una y otra vez imágenes escuetas, mas, en todas esas telas, no había más que una imagen, una silueta, una forma perceptiva, una imagen dentro de muchas otras. Aquella mujere simplemente se detuvo, giró su cabeza sobre sus hombros y se fue, así, como si nada, como si todo alrededor no existiera. Se fue, cómo suele suceder en estos casos de noches heladas. Dejó el perfume en el aire para que nadie olvide, pero también acompañó aquel descuido con la sonrisa socarrona de saberse inolvidable, pero letal, muy letal...


Dulcis Lupus

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