(...) "Curioso que vivir pueda volverse una pura aceptación", pensó mirando al perro que jadeaba en el suelo, "incluso esta aceptación de no aceptar nada, de irme casi antes de llegar, de matar todo lo que todavía no es capaz de matarme". Dejaba el cigarrillo entre los labios, sabiendo que terminaría por quemárselos y que tendría que arrancarlo y aplastarlo como lo había hecho con esos años en que habia perdido todas la razones para llenar el presente con algo más que cigarrillos, la chequera cómoda y el auto servicial.
Fin de Etapa
Deshoras
Julio Cortazar
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