Sin duda la amistad, la amistad que tienen en cuenta los individuos es una cosa frívola y la lectura es una amistad. Pero por lo menos es una amistad sincera y el hecho de que se dirija a un muerto, a un ausente le proporciona algo desinteresado, casi conmovedor. además es una amistad liberada de todo lo que constituye la lealtad de los demás. Como no somos todos nosotros, los vivos, más que muertos que aún no han entrado en funciones, todas esas cortesías, todos esos saludos en el vestíbulo, que llamamos deferencia, gratitud, abnegación y a los que incorporamos tantas mentiras, son estériles y cansadores. Además -desde las primeras relaciones de simpatías, admiración,gratitud-, las primeras palabras que pronunciamos, las primeras letras que escribimos, tejen a nuestro alrededor los primeros hilos , de una verdadera manera de ser, de la que y ano podremos librarnos en las amistades siguientes;; sin contar que durante ese tiempo, las palabras excesivas que hemos pronunciado, quedan como letras de cambio que debemos pagar o que pagaremos más caro aún durante toda nuestra vida, con los remordimientos de haberlas dejado protestar.
En la lectura la amistad se retrotrae a menudo de su pureza primitiva. ninguna amabilidad con los libros. Si pasamos la velada con esos amigos, es porque verdaderamente tenemos deseos de hacerlo. A ellos, por lo general, los dejamos a menudo, con dolor. y cuando lo hemos dejado, ninguno de esos pensamientos que estropean la amistad: ¿Qué han pensado de nosotros? -¡Habremos carecido de tacto? - ¿Habremos gustado?- y el temor de ser olvidado por tal o cual. Todas esas agitaciones de la amistad expiran en el umbral de esa amistad pura y tranquila que es la lectura. Ninguna cortesía tampoco; sólo nos reímos de lo que dice (...).
En la lectura la amistad se retrotrae a menudo de su pureza primitiva. ninguna amabilidad con los libros. Si pasamos la velada con esos amigos, es porque verdaderamente tenemos deseos de hacerlo. A ellos, por lo general, los dejamos a menudo, con dolor. y cuando lo hemos dejado, ninguno de esos pensamientos que estropean la amistad: ¿Qué han pensado de nosotros? -¡Habremos carecido de tacto? - ¿Habremos gustado?- y el temor de ser olvidado por tal o cual. Todas esas agitaciones de la amistad expiran en el umbral de esa amistad pura y tranquila que es la lectura. Ninguna cortesía tampoco; sólo nos reímos de lo que dice (...).
Sentimientos Filiales de un Parricida
Pastiches et Mélanges
Marcel Proust
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