"Uno no puede hacerse a la idea de que las demás personas son conciencias que se sienten de adentro como se siente uno mismo -dijo Francisca. Cuando uno entrevé eso, me parece que es aterrorizador: uno tiene la impresión de no ser más que una imagen en la cabeza de algún otro. Pero eso no ocurre casi nunca, y nunca por completo."
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